“Un héroe de pueblo”

Por si fuera poco, aquel pueblo olvidado por los dioses tuvo que enfrentarse ese mes de septiembre a la extraña desaparición de las flores que dejaban a los muertos del cementerio.

Como era de esperar, los lideres religiosos anunciaron catástrofes, los políticos señalaron oscuras conspiraciones de enemigos que podían ser cualquiera, y las pitonisas, brujos y chamanes de toda laya hicieron de las suyas indagando en el más allá y aplicando contras y rezos protectores.

Nadie reparó en la extraña y permanente expresión de alegría de los habitantes del hogar de ancianos y el manicomio local, acaso los únicos felices en medio de tanta conmoción.

Así fue como nació el mito del “Robin Hood del cementerio”: un anónimo y enigmático personaje aún no identificado que roba las flores a los muertos para darlas a los vivos que ya nadie quiere, que ya todos han olvidado.

Algunos dicen que el culpable era el muchacho pobre que leía mucho, ese que siempre hablaba de los cuentos de Julio Cortázar. Lo cierto es que dicen que hasta hoy el fenómeno se repite año a año, en distintos puntos del planeta.

Hoënyr, 2012.

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