El Juicio

En mi Juicio nadie se veía dispuesto a favor de mi absolución. Hasta que mostré mis dos ases bajo la manga: tu foto, esa primera que me regalaste, y el poema que me escribiste, cuando dijiste que me querías.

Entonces todo cobró sentido, y desde el alma más insignificante hasta el Gran Juez, sintieron como propio ese dolor por haberte encontrado en los brazos de otro sujeto.

Me pidieron perdón.

Y así, me convertí en el único suicida que ha llegado al Cielo.

Hoënyr, 2012.

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