Déjà vu

Todos los días nos cruzamos en algún sitio. Entonces nos miramos, nos sonreímos, y nos hacemos guiños, y algunas veces cruzamos un par de palabras, pero nada más. Creo que ella siente lo mismo que yo: aunque se alegra de verme y sentir que la quiero, teme intentar acercarse demasiado, abrazarnos y pretender besarnos.

Todo comenzó en ese primer encuentro de aquella mañana lluviosa, cuando corrimos el uno hacia el otro y en ese preciso instante en que nuestros cuerpos se atravesaron y sentimos cómo nuestros brazos se perdieron en el frío aire.

Seguramente ella también se preguntará quién de los dos está muerto, o si los dos lo estamos.

Hoënyr, 2012.

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