Regalo difícil

Solo una vez regalé la Luna.

Sucedió cuando de niño escuché ese famoso bolero en la radio. Ella, una niña con una sonrisa encantadora, se mostró agradecida con mi declaración, pero quise ir más allá, así que lancé mi gorrita del América de Cali para atrapar el bello astro, sin pensar que un cable de alta tensión la convertiría en ceniza.

Así aprendí una valiosa lección: más allá de la poética, no cualquiera puede hacer cosas como regalar la Luna.

Sin embargo, en noches de plenilunio, la poética puede acompañarse de brindis a favor de su compañía. Pero esto último se aprende mucho tiempo después.

Hoënyr, 2012.

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