Rumores sobre dioses (I)

Estaba decidido a cumplir su misión. Así qué tensó su arco, apuntó la mejor de sus flechas con punta de oro y disparó con inmejorable precisión. Le dolieron sus dedos y sus brazos, pero eso era un mal menor, comparado con el profundo dolor que sintió en su pecho.

-¡Hubiese preferido ser Morfeo, al menos él la seguirá abrazando en las noches!-, se lamentó entre libaciones con vino.

Desde aquella ocasión, corre un oscuro rumor entre los dioses: Cupido prefiere disparar flechas con punta de plomo, o finge errar su puntería, cada que le parece hermosa y simpática una señorita, abriendo, de paso, la puerta del oprobioso mundo del desasosiego y la fatalidad amorosa, a algún caballero enamorado.

Hoënyr, 2012.

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