…las cosas más triviales se vuelven fundamentales.

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Es una magnífica fórmula que conocí a través del poema “Todavía” de Mario Benedetti, una frase con la que años después me encontré gracias a “Opio”, la canción de la banda Héroes del Silencio compuesta por Enrique Bunbury. Como es natural que suceda con ese tipo de expresiones, a pesar de estar conformadas por una misma combinación de palabras/fonemas, cada que son utilizadas llegan a adquirir intencionalidades y significaciones distintas, por supuesto, por tratarse de artistas, épocas y seguramente públicos distintos -aunque en opinión de J. Wagensberg, en el hecho artístico se comunican el realizador y el consumidor de arte, quienes de algún modo deben parecerse, justamente para que la comunicación se produzca, independientemente del tiempo y el espacio entre uno y otro-.

Luego de varios meses llegué a la plena certeza que la misma fórmula me puede ser útil para expresar una percepción personal que quizás es resultado de la profunda contradicción que existe entre la pretensión del acercamiento al mundo de lo etéreo, aquél que vislumbraron Borges o Girondo, al que podemos acceder mediante las utopías y los sueños, las letras o las músicas, en un extremo, y, en el otro, la ineludible presencia en el mundo de lo material, del cálculo, el pragmatismo y el crecimiento lineal, el mismo de las Famas de Cortázar, “el mundo de lo real”: mi percepción es, que en gran medida, este mundo es poco racional y mucho menos razonable, a pesar de todos los discursos que me dicen lo contrario. Además, noto con terror y repugnancia crecientes que las lógicas del mundo material se tornan cada vez más asfixiantes, y que como resultado de eso, en general…

«…las cosas más triviales se vuelven fundamentales.»

Es una bella expresión para ese algo tan funesto que deseo señalar.

En Benedetti, el contexto en que opera esta fórmula es un inconmensurable sentimiento de amor, que se expresa en primera persona con una excusa: la alegría, el asombro y hasta la incredulidad que produce en el personaje el regreso del ser amado, de forma que absolutamente todo pasa a ser casi una ilusión, una situación increíble y maravillosa. En Héroes del Silencio, el contexto es el himno a la creatividad onírica, la de los conceptos abstractos, la que descubre sentidos, sensaciones e ideas que no tienen atributo de levedad/densidad, no importa si ese atributo es palpado desde alguna dimensión física o metafísica, sino en una dimensión nueva que supera y abarca a aquellas.

Claramente, mi nueva significación para «las cosas más triviales se vuelven fundamentales», está muy lejos de las que aportaron Benedetti o Bunbury; pretendo denunciar un fenómeno lamentable, inevitable e implacable. En lo personal, por ejemplo, me aterra que cada vez es menor el tiempo disponible para mis lecturas, para jugar al señor que escribe cuentos, para salir a tomar unas cervezas o compartir con la familia, con el espíritu libre de preocupaciones y prevenciones. Y de paso mencionemos el peso que el sistema monetario impone: generar ingresos, consumir, pagar deudas, sobrevivir. Y sin embargo, ¿qué podría ser trivial o fundamental: el hecho de ejercer mis roles eficientemente en el mundo de la vida y asegurarme el adecuado vivir, o el hecho de desarrollar esas pequeñas cosas que me permiten ser? Además ¿cómo debería sentirme si precisamente ejercer mis roles en el mundo de la vida aporto para que otros puedan ser?

Por lo anterior, me resulta inevitable recordar las palabras de Bruce Barton:

«… cuando considero las tremendas consecuencias de las pequeñas cosas, me siento tentado a pensar que no hay cosas pequeñas.»

Por supuesto, si aceptamos la tesis de Barton, entonces lo más conveniente para mí, es asumir su consecuencia: habría que dejar de adivinar e imaginar distinciones entre lo trivial y lo fundamental, entre la forma y el fondo, entre la apariencia y la esencia, entre lo material y lo etéreo, entre el vivir y el ser. Y seguramente, también será deseable para mi salud mental –o lo que queda de ella-, buscar otros caminos y ámbitos en los que de algún modo pueda hacer algo más que vivir y así continuar “glorificando la Gran Obra”, como dice Voltaire.

Incluso, quizás bastaría simplemente con concluir estas ideas absurdas contenidas en los párrafos precedentes con un total de 689 palabras, reconociendo que realmente lo único trivial y cargado de levedad, es justamente este texto, que no escapa a la pretensión de ser profundo, trascendental, existencial, pero que acaso no sea más que basura.

Y luego, al final, con esta nueva culpa, reconoceré que en carne propia habré sentido el peso de las palabras de aquél querido personaje de Bukowski que tanto me gusta citar, mi tocayo Henry Chinaski, quien, en sus disquisiciones con sabor y aliento a alcohol y cigarrillo, utilizaba esta fórmula para rematar cualquier asomo de discurso auto-referente, bien sea propio o ajeno:

«La especie humana lo exagera todo: a sus héroes, a sus enemigos, su importancia».

Bueno, partiendo del supuesto, según el cual, sigo siendo humano.

Henry C. «Hoënyr», 2013

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“Todavía”, Mario Benedetti

“Opio”, Héroes del Silencio
http://www.youtube.com/watch?v=wp7hsw4lI68

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Una respuesta a …las cosas más triviales se vuelven fundamentales.

  1. mapy buelvas dijo:

    hola compartieron este bloc con migo a través de facebook y me parece muy interesante que el autor exprese tanta afinidad en sus palabras, la manera en como cada párrafo toca puntos diferentes y se encasillan en la dulzura infinita de las letras y los versos que se obtienen a partir de cada puntuación sin mas palabras mis felicitaciones

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