Territorio y conquista, Dios y Muerte

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Jehová me habló, diciendo: «Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí te entrego en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él.»

Mas Sehón, rey de Hesbón, no quiso que pasásemos por el territorio suyo, porque Jehová Dios le había endurecido su espíritu y obstinado su corazón para entregarlo en nuestras manos, como hasta hoy.

Entonces el Señor me dijo: «He decidido entregarte a Sehón con todo su país; empieza la conquista, apodérate de su territorio».

Sehón nos salió al paso con todas sus tropas, dispuesto a librarnos batalla en Iasá. Pero el Señor lo puso en nuestras manos y lo derrotamos, junto con sus hijos y todas sus tropas.

Nos apoderamos de todas sus ciudades y las consagramos al exterminio, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar ningún sobreviviente. Nos reservamos como botín solamente el ganado y los despojos de las ciudades conquistadas.

Desde Aroer, en la ribera del Arnón –incluyendo la ciudad que está en el valle– hasta Galaad, no hubo para nosotros ninguna ciudad inexpugnable: el Señor nuestro Dios, nos las entregó todas.

Tomado de: “Deuteronomio” 2: 31-36.

Foto: Hebron, Palestina, 2009.

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