La vida ante sí [fragmento]

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-¿Por qué sonríe siempre, señor Hamil?

-Para dar gracias a Dios todos los días por mi buena memoria, Momo.

Yo me llamo Mohamed, pero todos me llaman Momo porque es más corto.

-Hace sesenta años, cuando era joven, conocí a una muchacha que me quería y a la que yo también quería. Aquello duró ocho meses, hasta que ella se mudó de casa, y ahora, al cabo de sesenta años, todavía me acuerdo. Yo le decía: No te olvidaré nunca. Pasaban los años y no la olvidaba. A veces tenía miedo, porque aún me quedaba mucha vida por delante y ¿cómo podía yo, un pobre hombre, mantener mi palabra cuando es Dios quien tiene la goma de borrar? Pero ahora estoy tranquilo. No voy a olvidar a Djamila. Ya me queda poco tiempo, me moriré antes.

[…]

-Señor Hamil, ¿se puede vivir sin amor?

No contestó y bebió un poco de té de menta que es bueno para la salud. Desde hacía una temporada, el señor Hamil llevaba siempre una chilaba gris para que, si le llegaba la hora, le pillara con la americana puesta. Me miró y guardó silencio. Seguramente pensaba que yo todavía era un menor y que había cosas que no debía saber. Entonces yo tendría siete años o tal vez ocho, no puedo decírselo con exactitud porque yo no tengo fecha, como verán cuando nos conozcamos mejor, si consideran que vale la pena.

-Señor Hamil, ¿por qué no contesta?

-Eres muy joven y cuando se es tan joven es mejor no saber ciertas cosas.

-Señor Hamil, ¿se puede vivir sin amor?

-Sí -dijo, y bajó la cabeza como si le diera vergüenza.

Tomado de R. Gary, [Émile Ajar] “La vida ante sí”, 1975.

Foto: Yopal, Colombia, 2013.

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