Dios y los malvados

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¿Por qué siguen con vida los malvados,
y llegan a viejos, llenos de poder?
Ven crecer a sus hijos y a sus nietos,
que a su lado gozan de seguridad.

Nada amenaza la paz de sus hogares; Dios no los castiga.
Su ganado es siempre fecundo; las crías nunca se malogran.
Sus hijos corretean y juegan como corderitos,
y alegres bailan y saltan
al son del arpa, los tambores y las flautas.
Terminan su vida en la prosperidad;
bajan tranquilos a la tumba.

[…]

¿Cuándo se ha apagado la luz de los malvados?
¿Cuándo han caído en la desgracia?
¿Cuándo se ha enojado Dios con ellos y los ha hecho sufrir?

¿No han hablado ustedes con la gente que viaja?
¿No han oído las cosas que ellos cuentan:
que cuando Dios se enoja, manda una desgracia
y al malvado no le pasa nada?

Nadie le echa en cara su conducta,
nadie le da su merecido.
Y cuando al fin lo llevan a enterrar,
todos en cortejo lo acompañan,
unos delante y otros detrás,
y hacen guardia en el sepulcro,
y hasta la tierra es suave para él.

Tomado de: El Libro de Job, Capítulo 21.

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