Otra forma de tortura

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«Durante 30 segundos fui un gran héroe. Ahora no tengo empleo.» Woody Allen, en “Manhattan”, 1979.

De acuerdo con la teoría del intercambio líder-miembro -ILM (leader-member exchange – LMX), todo líder o «cabeza de grupo» tiene la tendencia natural a excluir a cualquier miembro del grupo que manifieste ideas o nociones que difieran de las suyas, ya que significan una potencial amenaza sobre la legitimidad y el mantenimiento del poder sobre el grupo.

A pesar que diversas valoraciones de tipo moral, ético o filosófico indiquen que el respeto y promoción de las diferencias, la deliberación y la construcción de consensos son elementos que, no solo permiten obtener mejores resultados agregados, sino que además son esenciales para la consolidación de sociedades más democráticas y justas, lo cierto es que la tendencia a excluir puede llegar a manifestarse de manera expresa en la eliminación del elemento discordante, mediante prácticas culturales como el confinamiento o la «ley del hielo», el traslado del disidente hacia otro lugar o espacio, o el despido, exilio o eliminación física, sin mayores consideraciones, según el caso. En otras palabras, «lo que no sirve, que no estorbe».

Pero existe otro camino que, de manera más sutil, desenfadada y que no apela a la violencia manifiesta, permite reducir y eliminar la participación del individuo en los distintos espacios de intercambio, así como las opciones para que las voces disonantes puedan expresarse. Por ejemplo, mediante el incremento de la carga de trabajo o la asignación de actividades o tareas de tipo operativo, o cuyas consecuencias no son relevantes, o que están relacionadas con asuntos menores y externos al ámbito de asuntos que realmente conciernen al líder y su grupo. En otras palabras, «para que esta persona no se entrometa en temas X, hay que mantenerla ocupada en otros asuntos Y».

Puede ser que la primera ruta sea mucho más contundente, aleccionadora y disciplinante frente al grupo en general. Pero quizás la segunda, ante todo, sea la más lesiva, en particular sobre la moral, el ánimo y la dignidad del individuo disidente.

Es otra forma de tortura.

Hoënyr, 2014.

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