Esperanzas, modas y lecturas (Homenaje a Don Ernesto)

El Muchacho-pobre-que-leía-mucho sintió gran alegria cuando supo que allá afuera, en el mundo del que no era parte y que no le pertenecía, se había puesto de moda la lectura, hablar de libros y de escritores, citar frases célebres y asistir a ferias literarias, justo cuando se cumplía un año más de la muerte de Don Ernesto Sabato.

-Es maravilloso -pensó.

-Es la ventaja de las modas -comentó el anciano vendedor de libros de segunda mano del centro de la ciudad-; las modas son puertas temporales por las que las personas llegan a salones y galerías en los que hay una relativa posibilidad de que otras personas, que desde siempre han estado allí, sean escuchadas.

El Muchacho-pobre-que-leía-mucho entonces pensó que, ahora que la puerta estaba abierta, quizás podría encontrar alguien más con quien compartir e intercambiar tantas ideas y recuerdos que había adquirido gracias a las letras, pero que había callado siempre, desde cuando siendo muy niño, comenzó a leer los diarios que la gente del edificio en que vivía arrojaba como basura, cuando no los vendía como material para reciclaje. Fue la época en que conoció por primera vez autores como Stevenson, Poe, Miller, Bellow, Cortázar, Borges o Sabato, gracias a la vocación de su profesora en la escuela pública y aquella curiosa colección de literatura de bolsillo que su padre había comprado muchísimo tiempo atras, precisamente en la tienda de libros de segunda mano de quien, muchísimos años después, sería el único amigo de su hijo.

En su universo, cada pensamiento estaba acompañado por el recuerdo de alguna de sus lecturas. Así que la mente del Muchacho-pobre-que-leía-mucho trajo a colación el sentimiento de particular emoción que experimentaron Martín del Castillo por Alejandra Vidal y Juan Pablo Castel por María Iribarne, cuando vieron en estas señoritas señales que les permitieron tener la esperanza de no hallarse solos en el mundo, o al menos, para intuir que sus almas podrían ser interpretadas. Entonces pensó que quizás, en alguna calle, en un restaurante o hasta en el transporte público, viviría un encuentro digno de ser escrito, tal como lo tuvieron los personajes de El Túnel y Sobre Héroes y Tumbas, una escena en la que lograría establecer una misteriosa conexión, gracias a la amada lectura.

-No hay que emocionarse tanto –espetó el viejo asesor/vendedor de lectura-; luego de tantos años en este negocio, uno sabe que la moda a la lectura se impone por todas las razones posibles menos por el amor a la misma, y que funciona igual que todas las modas: la mayoría de las personas que llegan persiguiéndola, generalmente se marchan lejos con su ocaso; se van a buscar otras puertas y hacia otros salones, siempre en permanente carrera por no quedarse atrás. Pero te digo: tengo la esperanza que al menos uno se quede; con uno que se quede, ya es ganancia para los que siempre hemos estado, sobretodo tratándose de libros y lecturas.

Y algo de razón ha de tener el viejo, un ser que, a manera de un Caronte moderno, es capaz de transitar entre dos mundos tan distintos como el de la expresión artística a través de las letras y el de las relaciones basadas en el interés propio y el comercio.

Un par de semanas después, con el fin de la Feria del Libro, Bogotá volvería a la normalidad, y el Muchacho-pobre-que-leía-mucho se quedó en aquél salón sin fronteras, junto a otros tantos anónimos seres, mujeres y hombres conspiradores contra la precariedad del Mundo Material, que presienten que las letras fueron creadas para volar, auscultar los caminos del Alma y adentrarse en el Conocimiento, el Arte, la Vida, el Amor y la Muerte.

-También hay letras para difundir las ventajas del automóvil y las tarjetas de crédito, revelar secretos de gente famosa o construir discursos políticos y religiosos -anunció con ironía el vendedor de libros-, de hecho, eso es lo que más se vende.

-Aún así, es maravilloso.

Hoënyr © 2012.

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4 respuestas a Esperanzas, modas y lecturas (Homenaje a Don Ernesto)

  1. Muy bueno Henry… me gusta el relato, sobre todo tratándose de “el gran humanista” (no necesita mayúsculas… su recuerdo ya lo es!)

  2. Clara dijo:

    Me gusto mucho tu cuento, lindo homenaje a Sabato.

    …”aun asi, es maravilloso”

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