Sobre el viático y el viaticar

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Gracias al periodismo deportivo y nuestra vocación futbolera, muchos aprendimos que el término viaticar alude a la acción de viajar bajo la excusa de una causa deportiva, sin que se genere algún beneficio tangible para la misma, a pesar que a ella son cargados los gastos respectivos.

También fue gracias al periodismo deportivo que conocimos la existencia de los dirigentes deportivos, oscuro gremio que goza de mala prensa porque sus decisiones giran en función del dinero y de una variedad de beneficios personales que generalmente afectan la gloria del deporte nacional. El dirigente deportivo es un tipo con pinta de político que se destaca por su insaciable capacidad para mentir y viaticar.

Con esa connotación negativa, en países como Colombia o México se ha extendido el uso del verbo viaticar para referirse a un tipo que viaja por razones de su trabajo, y que por hacerlo recibe una suma de dinero. Pero, ¿eso es correcto?

El viático

En el ámbito religioso, la palabra viático significa: «Sacramento de la eucaristía que se administra a los enfermos que están en peligro de muerte». Es una definición propia de algunas tradiciones judeocristianas, en especial de la liturgia católica, aunque hay suficiente evidencia que permite afirmar que sus antecedentes son mucho más antiguos.

Sin entrar en el fondo del asunto religioso, el viático, en términos generales, es un elemento consustancial a la administración de la última comunión y es identificado como la famosísima Extremaunción o Unción de los enfermos, un ritual dirigido a los fieles que se encuentran gravemente enfermos, en edad avanzada o en peligro de muerte para fortalecerlos y reconfortarlos. Es una especie de gracia especial o boleto de primera clase para salir del mundo físico hacia la muerte y su encuentro con Dios.

El viático tiene su origen en las creencias de los griegos frente a la muerte. El fallecido era despedido y enterrado para que su sombra (su alma) viajara libre al mundo subterráneo del Hades (el Inframundo). Una vez allí,  despertaría a la orilla del río Aqueronte con el reto de cruzarlo y así descansar por toda la eternidad en un sitio maravilloso. Pero cruzar el río era imposible sin la intervención del viejo barquero Caronte, que cobraba por sus servicios. Por eso los griegos enterraban sus muertos con unas cuantas monedas de la época llamadas óbolos (obulus), para tener con qué pagar su pasaje al otro lado del río.

¿Y si un fallecido no tenía el dinero requerido? Sencillo, simplemente tenía que esperar al menos cien años en la ribera del rio, hasta que el barquero decidiera llevarlo gratis.

Pasaron los siglos y con la caida de Grecia y la ascensión del Imperio Romano, el vocablo griego obulus fue remplazado por el latino viaticum, una moneda de valor equivalente a su antecesora. Varios siglos después, con el advenimiento del cristianismo, el mito del río y el barquero se transformó en el sacramento de la extremanunción con el consecuente significado de la palabra viático.

Y fueron necesarios varios siglos más, para que el viático adquiriera otra significación: «subvención o compensación, en especie o en dinero, de lo necesario para el sustento de quien hace un viaje».

El viaticar

No obstante, a pesar de los embates de la historia, el verbo viaticar sólo ha tenido un significado: «administrar el viático a un enfermo».

Es decir, en el idioma español, el significado de la palabra viaticar pertenece exclusivamente al ámbito de lo religioso. Y el sujeto que realiza la acción sólo puede ser un sacerdote, un presbítero o un pastor, o cualquier otra forma de autoridad facultada para ello en la liturgia religiosa específica, mientras que el sujeto pasivo, o sea quien recibe el viático, sólo puede ser un moribundo o un enfermo que se encuentra en peligro de muerte.

Algunos dicen que, en razón a su uso extendido, el significado del verbo viaticar promovido por el periodismo deportivo podría ser considerado como regionalismo localismo, o sea una palabra que, en un área geográfica específica, adquiere un significado exclusivo y diferente al original. Sin embargo, las autoridades de la lengua española aún no lo reconocen como tal.

Usar el verbo viaticar con un sentido diferente al de «administrar el viático a un enfermo» es caer en una impropiedad, uno de los vicios idiomáticos más comunes, que consiste en cambiar el significado real de las palabras, atribuyéndoles uno distinto al original.

No caer en vicios idiomáticos contribuye a la preservación y buen uso del idioma. Así que es muy deseable que el funcionariado público ponga su granito de arena y evite usar el verbo viaticar cada que desee referirse a alguien que viaja por razones de su trabajo, a menos que sea para administrar el sacramento de la extremaunción.

Pero por otra parte, hay que evitarlo porque, cuando decimos que nuestro compañero Fulanito viatica porque viaja, estamos poniendo a Fulanito en el mismo nivel del dirigente deportivo. Y eso ya es demasiado.

PDTA: Yo he viajado varias veces por razones del trabajo y he recibido los viáticos correspondientes. A veces, cuando me han dicho que yo “viatico”, me imagino en actitud clerical, reconfortando un moribundo e intercediendo ante el más allá por su alma. Y eso me inquieta. Otras veces, me imagino siendo yo mismo quien está a punto de morir. Y eso me inquieta mucho más. Creo que prefiero ese tipo de muertes en las que uno no se entera de nada.

Hoënyr, 2015.

Imagen: “Extreme unction” de Nicolas Poussin. Óleo sobre lienzo. 1640.

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