Rebelión y protesta ciudadana

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Me gusta mucho que a todos se nos reconozca y podamos ejercer cuando sea necesario nuestro inalienable “derecho a la rebelión”, “derecho a la resistencia” o “derecho a la inserrucción” contra la tiranía, regímenes corruptos y/o que no garantizan los derechos de la persona. En general me gustan ese tipo de nociones de derechos que fueron consagradas durante la Revolucion Gloriosa en Inglaterra, la Revolución Francesa o la mismísima Revolución Estadounidense.

Pero eso sí, si alguien quiere lanzar una rebelión, una insurrección o una revolución, pues que lo haga con dignidad, a la manera antigua: de pie y de frente, con la cara en alto, el discurso en la boca y la espada en la mano, asumiendo todas las responsabilidades.

Eso de lanzar una rebelión con tapujos, instigando desde una posición favorable y apelando a intrincados manejos para disfrazarla de protesta social, o incluso aprovechándose de la protesta social legítima, está muy mal, porque no solo propicia y facilita la criminalización de la protesta ciudadana, sino que además, no es transparente y significa abusar de la confianza y la fe de los seguidores que por cierto, generalmente son simples ciudadanos que al final no se enteran de muchas cosas y terminan pagando las consecuencias, porque son los primeros -o los únicos- en el frente de batalla.

Hoënyr, 2015.

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