Jesús y la homosexualidad

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Al devoto cristiano nunca le enseñan ciertos pasajes de la Biblia, ya que pueden contradecir los entramados discursivos ”oficiales” con que los pastores suelen adoctrinar sus rebaños, como aquél discurso dirigido a rechazar la homosexualidad.

Veamos un ejemplo:

Jesús les dijo: No todos pueden aceptar esta realidad, sólo aquellos a quienes el Padre les ha dado entendimiento: hay eunucos que así nacieron desde el seno de su madre, hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del Reino de los Cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte. Mateo 19:11-12.

Es obvio, si los pastores compartieran a sus seguidores este pasaje con la misma acuciosidad y vehemencia con que vociferan hasta el cansancio el pasaje bíblico sobre la creación de Adán y Eva, tendrían que enseñar que el texto citado presumiblemente fue escrito en el periodo que va desde las postrimerías del siglo I hasta finales del siglo III, por tanto, recoge los usos idiomáticos tradicionales y aceptados en esa época.

Así las cosas, tendrían que enseñar que el término que en español conocemos hoy como “eunuco”, tanto en su raíz latina (eunuchus), como en su antecesor griego (eunukhós), así como en las diversas expresiones de las lenguas de la familia semítica como srs-srys (arameo), sārîs (hebreo) o sarīsā (siríaco), significa simplemente ”que no tiene relaciones sexuales con mujeres”.

Es decir, en ese contexto histórico, los pueblos naturales que hablaban arameo, hebreo y siriaco, así como el pueblo romano al que fueron “anexados” y que hablaba griego y latín, todos ellos, por igual, llamaban “eunuco” a todo nacido varón que no tenía relaciones sexuales con mujeres, o sea un tipo que no se casaba y por tanto, no cumplía con su deber de procrear.

¿Y porqué es importante el asunto?

Los pastores deberían enseñar a sus fieles que en aquella época, el poder de la procreación estaba en el varón y no en la mujer, que era considerada como una simple receptora de la ”semilla” que depositaba su ”marido”. Es decir, el único que tiene el poder para garantizar la plenitud del acto de concebir un hijo es el varón, una idea absurda que lamentablemente aún persiste en nuestros días, entre otras cosas por la perversa manipulación de pastores y sacerdotes.

Es obvio que poco o nada se puede exigir en materia de engendrar un hijo al tipo que es eunuco porque ya no tiene ni pene ni testículos, bien porque se los cercenaron o bien porque le fueron aplastados con un mazo.

Pero los pastores deberían enseñar que en esa época, la tradición judía en especial sí tenía fuertes disposiciones para aquellos varones que, pese a tener genitales en buen estado, no se casaban ni procreaban, ya que estarían desobedeciendo la incesante órden divina del tipo «sed fecundos y multiplicaos», un mandato que funciona como uno de los tantos mecanismos legitimadores que, desde el punto de vista mítico, están dirigidos a perservar la continuidad de la raza y el poder de ella sobre el planeta y el resto de la especie humana.

Sé fecundo y multiplícate; una nación y multitud de naciones vendrán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. Génesis 35:11.

Según el evangelio de Mateo, Jesús distingue las causas por las que un nacido varón no llega a tener relaciones sexuales con mujeres, no se casa y no procrea: 1) porque es así de nacimiento, 2) porque es así debido a la acción humana, y 3) por designio del mismísimo Dios.

Es tan claro, que no hace falta describir cada una de esas categorías: hay tipos que no tienen sexo con mujeres debido a su disposición genética, porque así lo decidieron como opción de vida o como consecuencia de la acción de otras personas, por ejemplo por la castración o el aplastamiento.

Pero a pesar de ser tan sencilla, el mismo Jesús reconoce que no a todos les resultará fácil aceptar esa realidad, pero no porque sea muy complicado el asunto, sino por la incapacidad neta o la simple falta de voluntad para hacerlo, es decir, por ausencia de esa capacidad para pensar y asumir la realidad y formarse un concepto de ella, el entendimiento.

Además, los pastores deberían enseñar que en esa época no existía el concepto de homosexualidad, mucho menos los avances en las ciencias ni los debates teóricos al respecto. Allí simplemente existía una realidad sobre la cual tipos como Jesús proponían que no debería darse aplicación a las medidas que la Torá tenia previstas para los que estando en condiciones físicas adecuadas para tomar esposa y procrear, no lo hacían.

En consecuencia, los pastores deberían enseñar que en esta referencia bíblica se pone de manifiesto el profundo carácter reformista y humanista de Jesus, ya que con su afirmación estaba tomando partido por una de las escuelas rabínicas reformistas de la época, la que propendía por la apertura y la aceptación de esos eunucos en la sociedad, hablamos de los tipos que no tienen sexo con mujeres porque así nacieron o porque es su opción de vida, un grupo amplio y variado del que primordialmente hacen parte los homosexuales, por supuesto.

Por esa razón, la cita se inscribe en un capítulo en el que el tema central es el matrimonio (y la procreación). Pero además, la cita tiene como contexto una deliberación entre Jesús y un grupo de personas que se denominan “fariseos”.

¿Y eso qué tiene que ver?

Según los evangelios, cada que Jesús hablaba en público había unos sujetos que estaban allí haciendo preguntas o debatiendo. La mayor parte de las veces aparecen como “ancianos, los escribas, los eruditos, etc.). Pues bien, los pastores deberían enseñar que los fariseos en sí eran una de las tantas comunidades judías, con una particularidad muy distintiva: durante siglos consiguieron imponer al resto de la población sus interpretaciones extremistas sobre el culto religioso oficial.

De los fariseos surge la línea rabínica ortodoxa, tradicional o radical, también conocida como “de los doctores de la ley”, la misma que a la postre se considera responsable por la redacción de los textos talmúdicos fundamentales, la misma que defiende el maltrato a la mujer y el rango inferior que ella debe tener frente al hombre y en el conjunto social, la misma que formula que es una maldición tener como primogénito una niña, la misma que propone castigos como los linchamientos y las lapidaciones. Y fariseos eran los sujetos que Jesús expulsó del Templo.

Es decir, según el Evangelio de Mateo, Jesús no sólo sentó una posición opuesta a la oficial, de manera clara y contundente, sino que además, lo hizo ante los mismísimos creadores y máximos defensores de esa ideología que se había impuesto por mucho años y que lamentablemente aún subsiste en diversas formas hasta nuestros días.

Con esta cita, se demuestra una vez más que, si realmente exisitó Jesús, el de la Biblia, entonces fue un tipo rebelde, un adelantado a su tiempo, un humanista en todo el sentido de la palabra.

También se demuestra que al no enseñar todas estas cosas, los pastores están tomando partido en contra de lo que Jesús realmente defendió. Y de paso, dos mil años después, están llevando a sus millones de seguidores por el mismo camino de la interpretación ortodoxa y extremista que Jesús quiso reformar y que seguramente fue una de las razones determinantes para su muerte.

¿Y dicen ser verdaderos cristianos?

Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Mateo 23:27.

Hoënyr, 2015.

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