El dogma de la Inmaculada Concepción

imageLa historia de la Humanidad está colmada de mitos sobre diosas-madre y dioses nacidos de mujeres vírgenes (Horus, Mitra, Buda, Attis, Dionisio-Baco, Krishna, Heracles, Zoroastro, Beddru, etc.), tal como el mito de Jesús, dios nacido del vientre de la Virgen María.

Más allá de las múltiples coincidencias, que puestas en una línea de tiempo permiten intuir un origen común, también existen ciertas diferencias que responden a contextos históricos específicos. Este es el caso de la doctrina católica de la Inmaculada Concepción, también conocida como Purísima Concepción.

El dogma de la Inmaculada Concepción es una de las pocas doctrinas relacionadas con el mito de Jesús sobre las que no hay antecedentes similares en mitologías anteriores al cristianismo. De hecho, tampoco existe alguna referencia a este asunto de manera explícita en los textos bíblicos oficiales, como tampoco en los principales textos de los denominados “apócrifos”.

La Inmaculada Concepción sólo se comenzó a celebrar en el mundo católico desde 1854, por mandato expreso del papa Pío IX en su bula Ineffabilis Deus. Este dogma surge como una respuesta de la Iglesia para hacer frente a algunas corrientes filosóficas reformistas de la época vinculadas al naturalismo que ponían en tela de juicio las creencias marianas.

Aunque la promulgación del dogma se realizó a mediados del siglo XIX, su base argumentativa se encuentra en la propuesta del teólogo escolástico Juan Duns Scoto (Escoto), quien cinco siglos antes habría resuelto la cuestión sobre si Maria tenía o no el pecado original como sucede con el resto de la Humanidad.

La cuestión en sí no es menor, ya que se refiere a un ámbito de estudio en mitologías y religiones comparadas, sobre las condiciones en que los dioses se convierten en seres humanos. En este caso, sobre si los dioses pueden nacer o ser concebidos en seres humanos comunes y corrientes, o, si es al contrario, si los dioses nacen de seres humanos con características excepcionales.

En general los mitos coinciden en que los dioses, si han de nacer en la Tierra, en medio de los humanos, no son concebidos ni nacen del vientre de mujeres humanas comunes. En este caso, el dogma de la Purísima Concepción afirma que Dios mantuvo a María libre de todo pecado, incluso inmune a cualquier mancha del llamado “pecado original”, desde el momento mismo de su concepción.

Con esta doctrina, Jesús puede ser entonces concebido en el vientre de una mujer humana, pero esa mujer, en esas condiciones, está separada y por encima del resto de la especie humana. “Llena de gracia”, María quedará convertida en la única mujer que puede ser madre de Jesús, que en últimas viene siendo el mismísimo Dios “hecho carne”.

Desde el punto de vista de la elección de la fecha, tampoco hay algún antecedente o un indicio en otras mitologías acerca del 8 de diciembre. Seguramente los consejeros de Pío IX pensaron: si para la doctrina oficial el 8 de septiembre es el nacimiento de la Virgen María, y dado que nueve meses antes debió ser concebida, entonces eso tuvo que suceder un 8 de diciembre.

Hoënyr, 2015.

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