Culturas exóticas (II)

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Lo sucedido en Miss Universo 2015 nuevamente puso en evidencia una característica muy propia del patrioterismo que consiste en otorgar demasiada importancia y exagerar al máximo sobre cualquier tipo de resultado en el ámbito internacional.

Si las cosas salen bien, la Raza-furia vocifera que es es el Alfa y la Omega del Universo, la razón de ser y la perfección de la Creación de Dios. Pero si algo sale mal, entonces acude al victimismo: que fue culpa del árbitro, que fue culpa del castrochavismo, que fue culpa del Imperio capitalista, que fue culpa del periodista, que fue culpa del patrocinador, que en ese país no nos quieren, que a los colombianos nos odian y tantas otras ideas por el estilo, cuando no es que la emprenden contra sus compatriotas que no obtuvieron los resultados esperados (Culturas exóticas I).

Quizás esas evocaciones al victimismo en sí no sean perjudiciales si se quedaran ahí mismo, en el momento del suceso, incluso algo de humor es deseable. El problema es que también llegan acompañadas por todo tipo de emociones y discursos asociados a la ira, el odio y muchísima violencia. Ignoro cómo opere este patrioterismo en otros países, pero intuyo que en Colombia seguramente es una respuesta condicionada al elocuente grito de guerra «¡con mi Colombia nadie se mete hijueputa!».

Hoënyr, 2015.

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