Desde la Sección de Urgencias II

Hospital Universitario Mayor – Méderi. Bogotá.

Nunca antes había visto la sección de urgencias de este hospital con tan pocos pacientes. «La gente se enferma menos en los días feriados», me dijo una doctora que nos atendió un Primero de enero, como hoy. Confieso que me interesó muchísimo esa afirmación, aunque Ella me interesó mucho más, pero ese podría ser el comienzo de otro relato que aún no sé si algún día será escrito.

Por ahora diré que luego de tantos ires y venires en secciones de urgencias -como paciente un par de veces, como acompañante en las demás-, sigo pensando que las médicas más encantadoras son egresadas de las universidades Nacional y del Rosario. Al menos en Bogotá.

Ustedes dirán que al decir esto último estoy siendo demasiado subjetivo, incluso displicente y excluyente; es el riesgo que asumimos cuando emitimos un ranking personal sobre cualquier cosa. También comprendo que puedo parecer ligero, pero la ligereza puede aparecer en cualquier momento, incluso en el tránsito de la Vida a la Muerte en una sección de urgencias.

Miren ustedes, hace un rato el tipo que estaba a mi lado se murió, así no más, sin drama, sin ruido, sin notoriedad: sólo agachó la cabeza como cualquier paisano que se duerme en un banco del parque central del pueblo en una tarde de verano, quieto, sin dejar expresión alguna en su rostro que delatara un hecho tan importante. ¿No es ésta una muerte ligera? Un rato antes me alcanzó a decir que estaba esperando un examen; se le veía bien, ni siquiera le habían asignado una camilla, y camillas disponibles sí hay en días como hoy.

Cuando no es día feriado la sección de urgencias es un «hervidero de gente», como se decía antiguamente…

«Hervidero de gente»… parece una de esas expresiones que cayeron en el olvido, los millenials jamás la usan. ¿Alguien sabe de dónde vino esa expresión? Durante varias semanas investigué y no obtuve resultados. Y una investigación sin resultados es una de las peores cosas que nos pueden suceder.

La mayoría de las veces ocurre por problemas en el método. Pero también puede ocurrir cuando no elegimos las fuentes correctas, que de hecho también es un problema de método. No importa, lo que deseo contar es que luego de muchas pesquizas decidí acudir a un par de conocidos y a las redes sociales.

En cierta forma las redes sociales son un hervidero de gente y allí pregunté a los que pensé podrían orientarme. Error fatal. La mayoría jamás respondió. En los ámbitos académicos, aún en las redes sociales, es muy probable que las personas que han tenido demasiado reconocimiento se vuelvan así, no responden las cuestiones más simples, acaso están ocupados en temas complejísimos, acaso están desarrollando aportes para la ciencia en niveles tan elaborados que los demás mortales no alcanzamos a sospechar. No son como los griegos, que se detenían a tratar sobre cualquier asunto que se les atravesara en el camino. Tampoco son como las doctoras de la Nacional y del Rosario, que atienden todas las inquietudes y explican todo de una manera impecable. Y si no saben, simplemente dicen «no lo se», al tiempo que esbozan una sonrisa maravillosa digna de jamás olvidar.

Maravilloso es también el funcionamiento de las salas de urgencias. Ante los ojos profanos pareciera que es más el caos que el orden. Pero en todos estos ires y venires he aprendido a observar y comprender -cada vez más meticulosamente-, los complejos conjuntos de movimientos de todos los funcionarios. Ciertamente es una lógica de organización clásica con división del trabajo, especialización, tiempos y movimientos, etc., con grados de descentralización en lo operacional, pero evidentemente centralizada en lo funcional y en el manejo de la información.

También he observado una cierta división social consecuencia de la estructura piramidal que se refleja, por ejemplo, en el aspecto estético: mayor uniformidad en los niveles más bajos y mayor libertad en los niveles más altos. Así, según el lugar que ocupes, usas las zapatillas del proveedor institucional o usas zapatillas de marca en el modelo y el color que desees; si eres mujer usas el cabello impecablemente recogido -algunas deben usar el gorrito llamado cofia- o lo usas suelto a tu gusto. Además la probabilidad de que un médico se abotone la bata es inversamente proporcional al número de tallas de más con las que la compró. ¿Porqué comprarán batas tan grandes y cada vez más grandes? ¿Porqué nunca se abotonan?

En el centro, justo en el centro de todo esto, se encuentran las enfermeras-jefe o jefes de enfermería, que por cierto también los hay varones. Esa posición también se refleja en lo estético: conservan ciertos rasgos de uniformidad propios de los niveles inferiores, pero también asumen ciertos grados de libertad propios de los niveles superiores. Lo más importante es que desempeñan un rol fundamental en toda la cadena de atención y hacia los usuarios (pacientes y acompañantes) son el canal más eficaz para tramitar cualquier situación, ya que son el eslabón que une lo científico con lo administrativo.

He visto enfermeras jefe muy bonitas. Sí, lo se, otra vez… Me parece que por su rol pueden llegar a establecer mayores niveles de comunicación, o una comunicación de mejor calidad con los usuarios antes que los propios médicos, al tiempo que proyectan un muy significativo grado de autoridad en el sentido más puro. Para los ojos profanos, ellas parecerían «mandonas».

Ignoro si hay películas que se desarrollen exclusivamente en secciones de urgencias, digo, salvo aquellas sobre heridos en la guerra, pero tengo entendido que series sí hay, y muchas. De todo eso he visto muy poco y en lo poco que he visto, sólo recuerdo un personaje enfermera jefe (la mayoría son enfermeras). Se trata de la señorita Mildred Ratched, en “Alguien voló sobre el nido del cuco” (One Flew Over the Cuckoo’s Nest), también conocida como “Atrapado sin salida” (1975).

La historia no se desarrolla en una sección de urgencias, sino en una sección de un hospital psiquiátrico. Quizás por eso el carácter dominante de la enfermera jefe es mucho más marcado.

En una sección de urgencias la enfermera jefe es muy distinta a Miss Ratched, o al menos nunca he visto alguien que se le asemeje. Al contrario, pueden ser verdaderos ángeles y teniendo en cuenta el especialísimo lugar que puede ocupar la sección de urgencias en esa delgada frontera entre la Vida y la Muerte, las enfermeras jefe que he visto son una verdadera buena noticia para celebrar.

«Sólo has tenido muy buena suerte», refuta la doctora que nos atendió aquél Primero de enero, como hoy.

Hoënyr.

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