Práctica dogmática, motivación y autosuperación

El pensamiento religioso occidental -en el sentido de la práctica dogmática-, también se manifiesta en la subcultura de las redes multinivel y los mercados de la motivación y la autosuperación.

El creyente llega a rechazar con ahínco todo aquello que ponga en entredicho la red y pueda amenazar su dogma, reniega la legitimidad de otras redes similares e incluso llega a utilizar un nuevo lenguaje con nuevos significados al comunicarse con los demás.

Con el dogma se le enseña que los únicos cambios y emprendimientos válidos son aquellos que nacen en medio de la red, que se hacen como parte de ella y para su propia reproducción, bajo la sombra y ejemplo del líder, maestro, guía o emprendedor-fundador.

También se le enseña que él, como cualquier creyente aplicado, puede llegar a ser como el líder, ser tan feliz como él, ganar tanto como él o incluso ocupar su lugar.

Por eso la red misma cuenta con una maraña de vigilantes, testigos, declarantes, oráculos y profetas mayores y menores, cada uno con su propio nivel de santidad, que se legitima según sus propios testimonios de cambio/éxito/crecimiento y que se representa en la posición que cada quien ocupa en la pirámide. Su principal función en la práctica dogmática es muy sencilla: dar su propio testimonio de fe ejemplarizante.

En un entorno totalmente controlado, la red, los desesperados creyentes encuentran todo un coro de voces sagradas que les dicen qué y cómo tienen que pensar, sentir y creer para ser felices, así como dónde y cómo consumir para alcanzar la tan anhelada felicidad.

Por esta razón, aunque la posición de cada quien en la red se designe con etiquetas simbólicas (ej. oro, diamante, platino, águila, león, cóndor, etc.), en realidad eso depende únicamente de su nivel de consumo, del número de nuevos adeptos que vincule a la estructura y del número de creyentes-consumidores incondicionales bajo sus pies.

Hoënyr.

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