Historia de dos plegarias

Cuentan que en tiempos remotos en lejanas tierras olvidadas, había una princesa inteligente que prefirió mantener tal virtud; como es obvio, ningún príncipe se interesaba en ella.

También cuentan que en esas tierras destinadas a la desgracia, había un príncipe inteligente que prefirió ser un plebeyo; como puede suponerse, ninguna princesa se interesaba en él.

Quiso el Destino, los dioses o Aquél que gobierna todo, que en algún paraje inesperado sus caminos se cruzarán.

Pero las leyes de los hombres son contundentes: las princesas no pueden ni deben fijarse en plebeyos y éstos deben ocupar su sitio.

Así, el plebeyo no tuvo oportunidad de mostrar sus otras virtudes, mientras que la princesa no tuvo oportunidad de reconocerlo; ser inteligente no implica tener facultades adivinatorias.

Pero siempre hay almas inconformes ante los órdenes establecidos, de forma que las herederas de la princesa inteligente conspiran con una emotiva rogativa, la cual declaman en secreto silencio:

-¡Que en lo simple sea descubierto lo complejo de la Esencia, para que realmente me ame!

Por su parte, las generaciones de herederos de aquél príncipe plebeyo, han traído hasta nuestros días una oscura plegaria que es recitada por los muchachos del barrio, en los instantes previos a realizar alguna arriesgada proeza en busca del amor de una princesa:

-¡Que Plebeyo sea inherente a Caballero, para que Ella me ame!

Hoënyr © 2012.

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