Una copa de vidrio

-¡No es fino cristal, sino vulgar vidrio! -siempre le increpaban en medio de risas a aquél bonachón cuando alegre brindaba en ocasiones especiales.

Pero éste, acaso sabio, acaso sereno, jamás prestó atención a los gritos, habladurías, chistes, burlas y risotadas.

De manera que en esa copa que los demás tanto despreciaban, brindó siempre el personaje de esta historia, un magnate muy rico en aquella comarca.

Muy pocos se interesaron en saber porqué: la encontró una noche, mientras buscaba qué comer en un solitario basurero, en otra época, en otra comarca. Estaba junto al billete de lotería que resultó ser el ganador.

Por eso, las Almas Sensibles apreciaban el proceder de este personaje.

Hoënyr © 2012.

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