Cadena de sucesos

Ahora la suerte está echada. La serie se empató y queda el último lanzamiento para mi arquero. Si falla, resta esperar a que el otro también falle; de esta forma, cada competidor repite su turno hasta que la flecha de alguno termine fuera del blanco. Igual que una final de fútbol definida por tiros penales.

Y ahora, en este momento crucial, es cuando comienzo a recordarlo todo. O casi todo.

Un cigarrillo mientras caminaba a mi casa, un traslado del lugar de trabajo hacia otra ciudad, un partido Nacional de Medellín vs América de Cali, unas cervezas frías en un bar de Envigado, una mujer con una sonrisa encantadora, una lectura de Tarot, un concierto de reggaetón, un chiste frente a la esposa de un político que resultó ser un traficante de armas, un picado de futbol en el equipo del político traficante de armas, una apuesta en una pelea de gallos, una oferta turística por Centroamérica, otro chiste frente a unos antropólogos alemanes, una simulación como misionero del Opus Dei en Honduras, otra simulación como simpatizante de la izquierda radical colombiana en Cuba, una copa de vino con un poema de Oliverio Girondo ante una turista argentina, otro picado de fútbol callejero en Buenos Aires y una conversación sobre Fontanarrosa en Rosario (Argentina), un karaoke en Montevideo, una anciana gitana originaria de Hungría, una mala decisión en un bar de Florianópolis (Brasil), un billete de lotería, una charla sobre historia de las religiones en Barcelona, una lectura de Goethe en Bethelem (Belen), una fumada de opio clandestino en Delhi (India), un relato de García Márquez ante unos estudiantes somalíes, un chiste político en Kampala y una borrachera en Masindi (Uganda), un error de traducción en la estación de buses, una carrera de caballos en Oum Hadger en la República de Chad, una exposición sobre Colombia, el Islam y la herencia árabe en territorio libio, una familia paisa en una caravana de comerciantes argelinos por el Sahara, y finalmente, la hija del jefe de una tribu nómade hablándome en una lengua desconocida y una sonrisa amable como respuesta de mi parte.

Esa fue la cadena de sucesos que determinó que me encuentre en este momento a unos mil kilómetros de la pequeña ciudad de Ghanzi en la República de Botswana, en pleno corazón del desierto de Kalahari, a unos cuarenta y cinco grados centígrados, esperando el resultado de un duelo de arqueros cazadores.

Si lo he entendido bien, en caso que gane el arquero que me representa –aquél que aparece en la foto fumándose el último cigarrillo de mi reserva-, la hija del jefe de la tribu será mi esposa, habré ganado unas monedas de oro y unas cuantas cabras y cuando el viejo muera, tendré la jefatura de la tribu.

En caso que gane el arquero escogido por mi rival, quien resultó ser el prometido oficial de la dama en cuestión, será borrada mi sonrisa con un carbón incandescente, luego seré castrado -aún no sé si con cuchillo o con carbón incandescente-, seré exhibido por cuarenta días y cuarenta noches a la intemperie y si quedo con vida, seré usado en tareas de carga como un esclavo más.

Todo comenzó en la fría ciudad de Bogotá, hasta ese momento la capital de Colombia; trabajaba en la Contraloría General de la República; no sé qué fue de ella, recuerdo que antes de mi viaje algunos decían que su suerte también estaba echada.

Pero por ahora, eso no importa.

Hoënyr © 2012.

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2 respuestas a Cadena de sucesos

  1. francisco dijo:

    Henry: Ese relato venido de la foto que me amostro, cuando lo elaboraste!!! Tenes un estilo muy particular. Espero otro relato. Chao!!! Pacho

  2. Anfelbel dijo:

    Como siempre. En la inmunda.

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