El asalto imperfecto

Tantos meses de preparación dieron resultado: ejecutó un asalto impecable.

Fue una operación casi perfecta, de no ser porque la señorita de la caja número tres, la de ojos bonitos, le robó el corazón, y de paso, sus pensamientos.

«Ella es un verdadero botin», se decía.

Así que, como suele suceder en estos casos, regresó al lugar de los hechos algunas semanas después del gran golpe.

Aunque los videos del robo no arrojaban muchas luces a los investigadores, el detalle por el cual se delató fue el piropo que le repitió a la mentada señorita.

«¡Es usted! ¡Gracias!» gritó la muchacha.

Desde entonces, los bancos contratan hermosas señoritas para el servicio a sus clientes y adquieren cámaras de seguridad con audio de alta calidad.

Hoënyr © 2012.

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