Siete micro ficciones del fútbol

1.

La tarde que ganamos nuestro primer y único Mundial de fútbol era domingo; sin embargo, esa mañana, los chicos del barrio no fueron a jugar el picado de siempre por allá en el potrero sur, el mismo que la leyenda señala como el lugar donde nuestro goleador aprendió a anotar de manera excepcional, siendo apenas un niño.

Aunque para los grandes lo sucedido esa mañana fue un hecho que pasó desapercibido, para esos pequeños no fue un detalle menor: la final se iba a jugar con la vieja pelota que, desde tiempos remotos, es pateada todos los domingos en el potrero sur del barrio, la misma que tiene poderes mágicos para hacer goles imposibles en una final de mundial, a todo aquél, que de niño, haya jugado con ella.

2.

Después de muchos años, se decidió a conquistar la hermosa hincha del otro lado del estadio. Pero antes, para lograrlo, fue necesario cambiar de camiseta, de amigos, de familia y hasta la propia vida.

3.

El abogado Rosas no era muy hábil para jugar al fútbol, pero fue convocado a todos los partidos; eran magistrales sus alegatos de defensa cuando el equipo contrario lanzaba sus ataques y mucho más cuando los árbitros pitaban en contra.

4.

Todos reconocieron que fue extremadamente honesto y que además tenía muchísima razón cuando publicó su anuncio en la sección “Contactos sentimentales” del periódico local: «Soy feo y poco simpático, además no estudié y mi familia es humilde; pero juego fútbol como los dioses. En un par de años no te importará.»

5.

-Mi fuente de inspiración estuvo en la versión de Borges sobre el mito griego del Minotauro y su laberinto -contó el autor del gol más complejo jamás anotado en toda la historia.

6.

De manera sorpresiva se vio en posición perfecta para anotar un gol de chilena, de esos que sabía hacer en el colegio. Gol. Ciertamente fue una gran jugada, por lo que todos felicitaron al más osado de los árbitros. Al día siguiente cambió de empleo.

7.

Con sus goles aportó para que el equipo llegara a la gran final, pero la noche anterior desapareció sin dejar rastro, así que no jugó en ella.

Se sabía que su memoria de corto plazo era bastante deficiente; que en las reuniones técnicas con el “Profe”, se emocionaba y gritaba como un hincha cualquiera, cada que repasaban los videos de los partidos recién jugados. Pero aún así, todos estaban de acuerdo que esa condición no explicaba del todo tan enigmático suceso.

Muchos años después, se rumoró que el muchacho desapareció a voluntad, porque había decidido ver la final con sus amigos del barrio.

Así se supo que también sufría de doble personalidad.

DOS MÁS DE ÁRBITROS

8.

El político y el árbitro de fútbol se reúnen cada semana. Son coleccionistas de ofensas.

9.

-¿Y el picadito entre ángeles y demonios?
-Era necesaria una cancha neutral. No la hallamos.
-¿Y el árbitro imparcial?
-Mucho menos.

Hoënyr © 2012.

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