Anécdotas de cine (I)

Ya saben ustedes lo mucho que me gusta el teatro y el cine. Y a fuerza de tanto asistir a aquellos espacios, es normal que en este momento de mi vida tenga muchas historias para contar sobre ellos. Intentaré recordar y relatar algunas.

Quizás una de las más curiosas sucedió el día que, por algún extraño suceso que aún no puedo explicar, terminé levantándome de mi asiento, me dirigí hacia la pantalla, la crucé sin problema e ingresé en la película. Todo por una sugestiva mirada de invitación de la sensual protagonista.

Aparecí en algún lugar del desierto del Sahara; el calor era infernal, así qué me despojé de chaqueta, corbata y camisa. A unos 300 metros estaba ella con sus hermanos, su camioneta había dejado de funcionar.

Apenas me vieron, gritaron y saltaron de alegría; comencé a acercarme a ellos bajo aquél sol abrasador.

Todavía recuerdo como si fuera hoy, la profunda expresión de enojo, tristeza y desilusión de ella, en medio de los reclamos airados de los muchachos, cuando estuve lo suficientemente cerca y miraron el contenido del gran vaso que llevaba en mi mano.

Desde ese dia, cada que voy a cine procuro comprar menos palomitas de maíz, a cambió de algún refresco con mucho hielo.

Hoënyr, 2012.

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